El desarrollo de un ser humano no es solo físico ni cognitivo. Desde el nacimiento —e incluso antes—, los bebés y niños atraviesan un proceso profundo de maduración energética que influye directamente en su forma de sentir, vincularse, expresarse y construir identidad.
Este proceso puede comprenderse a través del desarrollo secuencial de los chakras, los centros energéticos que actúan como puentes entre el cuerpo, la emoción, la mente y la conciencia.
Comprender este mapa no es solo un ejercicio teórico: es una herramienta poderosa para padres, educadores y terapeutas, ya que permite acompañar a los niños con mayor empatía, coherencia y respeto por sus tiempos internos.
El desarrollo de los chakras: un proceso por etapas
Los chakras no “se activan” todos a la vez. Evolucionan de forma progresiva, de abajo hacia arriba, acompañando la edad cronológica y las tareas psicológicas de cada etapa de la vida. La primera gran vuelta de este ciclo se completa aproximadamente hacia los 20–21 años, sentando las bases de la personalidad adulta.
1. Chakra Raíz (0 a 2 años) – Seguridad y pertenencia
Durante el embarazo y los primeros años de vida, la conciencia del bebé está centrada en la supervivencia, el cuerpo y la seguridad básica.
Aquí se construye la sensación profunda de “estoy a salvo en el mundo”.
- Necesidades clave: contacto físico, estabilidad, presencia constante.
- Aprendizaje central: confianza básica.
- Riesgos cuando hay carencias: inseguridad, miedo, desarraigo corporal.
Este periodo coincide con lo que la psicología evolutiva describe como la etapa de confianza vs. desconfianza, descrita por Erik Erikson.
2. Chakra Sacro (2 a 7 años) – Emoción, placer y creatividad
Aquí el niño descubre el movimiento, el juego, la emoción y el vínculo. Aprende a sentir y a relacionarse con los demás desde el deseo, la curiosidad y el disfrute.
- Se desarrolla la autonomía emocional.
- Aparece el “yo quiero” y el “yo siento”.
- Se graban profundamente las primeras experiencias de culpa o permiso para disfrutar.
Un entorno que valida la emoción sin reprimirla favorece adultos creativos, conectados y emocionalmente fluidos.
3. Chakra Plexo Solar (7 a 12 años) – Identidad y autoestima
En esta etapa el niño comienza a definirse a sí mismo. Aparece la comparación, el rendimiento, la pertenencia al grupo y la construcción del valor personal.
- Se forma la autoestima.
- Se aprende a tomar decisiones y a asumir consecuencias.
- La vergüenza es el gran desafío energético de este centro.
El exceso de exigencia, crítica o humillación puede debilitar profundamente este chakra, afectando la seguridad interna en la adultez.
4. Chakra Corazón (12 a 16 años) – Vínculo y mundo emocional profundo
La adolescencia temprana abre el corazón: emociones intensas, necesidad de pertenencia, amor, rechazo, idealismo.
- Se activa la empatía.
- Surgen las primeras experiencias amorosas profundas.
- Se despierta el anhelo de conexión auténtica.
Aquí el acompañamiento adulto empático es clave: no para controlar, sino para sostener emocionalmente.
5. Chakra Garganta (16 a 18 años) – Expresión y verdad personal
El adolescente necesita decir quién es, expresar su visión del mundo y diferenciarse.
- Se consolida la voz propia.
- Aparece la necesidad de ser escuchado.
- El silencio forzado o la censura generan bloqueos expresivos futuros.
Escuchar sin juzgar es una de las mayores formas de amor en esta etapa.
6. Chakra Tercer Ojo (18 a 21 años) – Visión y sentido
Comienza la búsqueda de dirección, propósito y coherencia interna.
- Se desarrolla el pensamiento abstracto y la intuición.
- El joven empieza a preguntarse: ¿Quién soy realmente?
- Se integran experiencias pasadas en una visión más amplia.
7. Chakra Corona (a partir de los 21 años) – Conciencia y trascendencia
Aunque su apertura plena suele darse en la adultez, las bases se preparan en la juventud. Aquí emerge la conexión con algo mayor que el yo individual.
¿Por qué es tan importante comprender este proceso?
Porque muchos bloqueos emocionales del adulto tienen raíces en etapas no resueltas de la infancia.
Comprender el desarrollo de los chakras permite:
- Acompañar a los niños sin exigirles procesos que aún no pueden integrar.
- Sanar al adulto desde la comprensión de su historia energética.
- Educar desde la conciencia, no desde el control.
- Ver el comportamiento infantil como información, no como problema.
Una invitación a mirar más profundo
Cada niño es un universo en desarrollo. Cuando aprendemos a leer su lenguaje energético, dejamos de “corregir” para empezar a acompañar.
Este conocimiento no pretende etiquetar, sino abrir preguntas, despertar conciencia y recordarnos que crecer es un proceso sagrado.
Si este enfoque resonó contigo, es muy probable que tu camino incluya explorar más profundamente la Psicología de los Chakras, no solo como teoría, sino como una herramienta viva de transformación personal y educativa.
El viaje hacia la conciencia comienza siempre con una pregunta… y continúa con la valentía de mirar hacia dentro.
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